Al otro lado de mi piel

Elena

Había sido un mal día. Llegó a casa, se duchó y se fue a su dormitorio. Estaba cansado, y no era para menos. En su trabajo, ella había vuelto. Aquella chica, Laura, le tenía loco desde hacía algunos años. Eran vecinos y que ahora trabajara en su misma empresa le hacía tener grandes esperanzas en cuanto a una posible relación con ella. Logró conciliar el sueño, pero tenía un extraño presentimiento. Como si algo fuera a pasar. Algo fuera de lo común.

Despertó de madrugada, sudoroso, y miró el reloj de su muñeca. "Las tres y cinco" pensó, "iré a beber agua". Tranquilamente, bajó a la cocina y se dirigió a la nevera. Tomó la botella de agua fría y un vaso de cristal fino, muy delicado; y bebió uno, dos y tres vasos seguidos. Rellenó la botella y la dejó en la nevera. Subió las escaleras a oscuras, y oyó como un vaso se rompía en la cocina. "Lo limpiaré mañana" pensó, sin darle importancia de que en esa casa estaba él y sólo él. Se acostó en la cama, y se durmió pronto, intentando pasar por alto el escuchar como alguien subía la escalera.

Se volvió a despertar, y miró el reloj. "Las tres y siete. Qué raro. Juraría que han pasado varias horas desde la última vez que me levanté". Se fijó más en el reloj, y vio que estaba parado. Miró el reloj de su muñeca, los segundos no pasaban, también parado a la misma hora.

Bajó a la cocina y al salón. Todos los relojes estaban parados y marcaban la misma hora. Subió a su habitación, pero alguien estaba tumbado en la cama. Era una chica, de unos veinte años. Vestía una camiseta roja y un pantalón corto negro. En sus piernas y brazos había cortes y cicatrices viejas. Su pelo era rubio y estaba recogido en una coleta. Sonreía de forma dulce. En su cuello había una marca morada de una cuerda.

-Elena...

-Vaya, te acuerdas de mi nombre. Pensé que...como no viniste a mi funeral, te habías olvidado de mí.

-No podría olvidarme de ti. Nunca.

-Ahora me da pena matarte. -El rostro de la chica se volvió oscuro y frío, y sacó una gruesa cuerda de detrás de su espalda. -Desgraciadamente, tengo que vengarme.

Elena saltó sobre el joven y él gritó. Fue un sonido gutural y lleno de terror. Laura, la vecina, lo oyó, y fue a su casa para ver qué ocurría. Al entrar en su dormitorio un agudo sonido salió de si garganta. Él estaba colgado del techo, como si se hubiera ahorcado. Elena estaba a su lado, con otra horca en la mano.

-Sabía que vendrías, zorra. Despídete de la bonita sensación de respirar, de sentir tu sangre en la venas, del olor del mar, del olor del café.

Elena rió de forma histérica y se abalanzó sobre Laura. Gritó. Hubo silencio. Luego, una sirena se aproximó. Un viejo policía a punto de retirarse entró al dormitorio.Ahogó una exclamación. Los jóvenes estaban colgados del techo, como si de un suicidio se tratase. En la pared estaba escrito: "Ya cumplí mi venganza. Descansaré al fin en paz". Al principio, el viejo policía creyó que era un asesinato, pero entró otro policía, más joven, e inspeccionó el lugar. 

-Ha sido obra de un fantasma. Todos los relojes marcas las tres y siete.

El viejo policía miró a su alrededor.

-Y yo que creí que lo había visto todo.

Y, una mano le atravesó el pecho, saliendo por su espalda y llevándose el corazón del veterano policía. Elena susurró: "Vete si no quieres que algo peor que esto te pase a ti. No vuelvas nunca. Y no hables de esto. Mi venganza se ha cumplido, pero no he quedado del todo satisfecha. Si cometes alguna imprudencia, mataré a la familia de ellos tres y a la tuya. Te culparán a ti. Seré peor que el mismísimo Satán".

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